BOLETÍN AECA Nº 78 EN PDF: BOLETÍN INFORMATIVO 78 (Definitivo)

SUMARIO

PRESENTACIÓN

GOZOSA BIENVENIDA: DIRECTORIO PARA LA CATEQUESIS

            Miguel LÓPEZ VARELA

I.- MATERIALES DE PRESENTACIÓN DEL DIRECTORIO

  • Rino FISICHELLA, Directorio para la Catequesis
  • Octavio RUIZ ARENAS, Elaboración del nuevo Directorio
  • Franz-Peter TEBARTZ-van ELST
  • PCPNE, Claves de lectura
  • PDF con el texto del Directorio para la Catequesis

II.- INFORMACIÓN SOBRE NUESTRA ASOCIACIÓN AECA

  • Nota informativa sobre la reunión del Consejo Directivo (10 del junio 2020)
  • Avance de la Jornadas 2020
  • Previsión de participación de la Asociación AECA en el estudio del Directorio para la Catequesis

III. ARTÍCULOS DE POSIBLE INTERÉS

  1. En la hora de la enfermedad, Thomas Halik
  2. Bautizados, Iglesia en misión, Juan C. Carvajal Blanco

PRESENTACIÓN

Queridas/os socias y socios de AECA:

Ya en las puertas del verano, un saludo de presentación de este Boletín Informativo de nuestra Asociación AECA. Todos somos conscientes de lo especial que está siendo este año 2020. En el Consejo Directivo no tenemos noticias de la presencia de la COVID-19 entre los miembros. Manuel Mª. Bru sí que lleva un tiempo en revisiones y análisis pero no se trata de contagio de coronavirus. Esperemos que pronto esté totalmente restablecido.

Creo que el tiempo de confinamiento nos ha estimulado como Asociación. A través de la web, hemos mantenido viva la reflexión y la cercanía, quizás como nunca. Conviene destacar este aspecto positivo de colaboración y de estímulo interno. Gracias a quienes se han sumado a la iniciativa.

Sí hemos tenido que aplazar sine die el I Encuentro Luso-Hispano de catequetas previsto para el mes de julio, del 12 al 14. Sin embargo, por ahora mantenemos la celebración de las Jornadas AECA 2020. En el mes de septiembre, con más datos en la mano, confirmaremos su celebración. En estos momentos estamos trabajando como si todo se desarrollara con normalidad. En caso de “novedades” exigidas por la situación  sanitaria, tendríais noticia de las decisiones tomadas.

Damos la bienvenida, ¡por fin!, al Directorio para la catequesis. Es el gran tema de nuestro Boletín y lo será por un tiempo largo. Creo que se hará una presentación oficial desde la Comisión Episcopal de Catequesis, Evangelización y Catecumenado, pero ya circula el texto en castellano.

Os saludo y os deseo un excelente verano.

Álvaro GINEL sdb

Presidente de AECA

GOZOSA BIENVENIDA

DIRECTORIO PARA LA CATEQUESIS

MIGUEL LOPEZ VARELA

Delegado  Diocesano de Catequesis. Diócesis de Santiago de Compostela.

Miembro de AECA y de su Consejo Directivo.

Acogida

La Asociación Española de Catequetas (AECA) se regocija y acoge con ilusión este documento de referencia que la Iglesia se da y, por eso, nos da, tanto para la tarea catequética como catequística. Es la referencia oficial para los procesos de iniciación cristiana en los tiempos actuales. Es responsabilidad de nuestras Iglesias ponerlos en marcha.

Por ser un documento de la Iglesia Universal es posible que no  responda totalmente a las necesidades de nuestro aquí y ahora. Pero seguramente que bien leído encontraremos los gérmenes de futuro que necesitamos. Todo documento necesita un poco de perspectiva del ayer y de mirada al futuro para ser  bien entendido.

En el espacio de 49 años (1971-2020), la Iglesia se ha visto obligada a ofrecernos tres Directorios de catequesis. Esto ya es un dato significativo del “terreno movedizo que pisamos” y de los cambios que se están produciendo en la sociedad y los retos que se plantean a la transmisión de la fe dentro de la comunidad cristiana.

Un poco de historia

Siempre es bueno contextualizarla aparición de un documento. ¿Qué es lo que hace que surja la necesidad de cambiar las referencias de la acción catequética?

  1. Acontecimientos
  • El papa Benedicto XVI, el 16 de enero de 2013, publica la Carta apostólica “motu proprio” Fides per doctrinam por la que se modifica la constitución Apostólica Pastor Bonus y se transfiere la competencia sobre la catequesis de la Congregación para el Clero al Pontificio Consejo para la promoción de la nueva evangelización.

Es tarea particular de la Iglesia mantener vivo y eficaz el anuncio de Cristo, también a través de la exposición de la doctrina que debe nutrir la fe en el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios hecho hombre por nosotros, muerto y resucitado por nuestra salvación. Ella lo debe llevar a cabo incansablemente a través de formas e instrumentos adecuados, a fin de que cuantos acogen y creen el anuncio del Evangelio renazcan a nueva vida mediante el Bautismo.

En el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, mientras la Iglesia reflexiona aún sobre la riqueza de la enseñanza contenida en aquellos documentos y encuentra nuevas formas para actuarlo, es posible verificar el gran camino realizado en estas décadas en el ámbito de la catequesis, camino que en cambio no ha estado exento, en los años del postconcilio, de errores incluso graves en el método y en los contenidos, que han impulsado a una reflexión profunda y conducido así a la elaboración de algunos documentos postconciliares que representan la nueva riqueza en el campo de la catequesis.

El venerable siervo de Dios Pablo VI escribió, en la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi: «A propósito de la evangelización, un medio que no se puede descuidar es la enseñanza catequética. La inteligencia, sobre todo tratándose de niños y adolescentes, necesita aprender mediante una enseñanza religiosa sistemática los datos fundamentales, el contenido vivo de la verdad que Dios ha querido transmitirnos y que la Iglesia ha procurado expresar de manera cada vez más perfecta a lo largo de la historia» (n. 44: AAS 68 [1976], 34).

Del mismo modo, el beato Juan Pablo II, como conclusión del Sínodo de los obispos dedicado a la catequesis, escribió: «La finalidad de la catequesis, en el conjunto de la evangelización, es la de ser un período de enseñanza y de madurez, es decir, el tiempo en que el cristiano, habiendo aceptado por la fe la persona de Jesucristo como el solo Señor y habiéndole prestado una adhesión global con la sincera conversión del corazón, se esfuerza por conocer mejor a ese Jesús en cuyas manos se ha puesto» (Exhort. ap. Catechesi tradendae, 20: AAS 71 [1979], 1294).

Para celebrar el vigésimo aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II, mi beato predecesor convocó otro Sínodo de los obispos y, en aquella sede, los padres sinodales expresaron el vivo deseo de que se procediera a la redacción de un Catecismo para ofrecer a la Iglesia universal una síntesis sistemática de la doctrina y de la moral según el dictado conciliar. Con la Constitución apostólica Fidei depositum, del 11 de octubre de 1992, el beato Juan Pablo II promulgaba el Catecismo de la Iglesia católica y, con Motu proprio del 28 de junio de 2005, yo mismo aprobé y promulgué el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica.

No se pueden olvidar otras etapas significativas para precisar la naturaleza, los métodos y las finalidades de la catequesis en el proceso de evangelización. En 1971, la Congregación para el clero publicó el Directorio Catequístico General con la intención de llevar a cabo una primera síntesis respecto al camino realizado en las diversas Iglesias locales que, entretanto, habían hecho su propio itinerario catequético. Después de la publicación del Catecismo de la Iglesia católica, la propia Congregación para el clero, en 1997, emanó el Directorio General para la Catequesis, recalcando el deseo de la Iglesia de que una primera etapa del proceso catequístico se dedique ordinariamente a asegurar la conversión (cf. n. 62).

La enseñanza conciliar y el Magisterio sucesivo, haciéndose intérpretes de la gran tradición de la Iglesia al respecto, unieron de manera cada vez más fuerte la catequesis al proceso de evangelización. Así que la catequesis representa una etapa significativa en la vida cotidiana de la Iglesia para anunciar y transmitir de manera viva y eficaz la Palabra de Dios, de forma que ésta llegue a todos, y los creyentes sean instruidos y educados en Cristo para construir Su Cuerpo que es la Iglesia (cf. Catecismo de la Iglesia católica, 4).

Con la Carta apostólica, en forma de Motu Proprio, Ubicumque et semper, instituí, el 21 de septiembre de 2010, el Consejo pontificio para la promoción de la nueva evangelización, que desarrolla «su finalidad tanto estimulando la reflexión sobre los temas de la nueva evangelización, como descubriendo y promoviendo las formas y los instrumentos adecuados para realizarla» (art. 1 § 2: AAS 102 [2010], 791). De modo particular, he querido asignar al nuevo dicasterio la tarea de «promover el uso del Catecismo de la Iglesia católica, como formulación esencial y completa del contenido de la fe para los hombres de nuestro tiempo» (art. 3, 5°: AAS 102 [2010], 792).

Considerado esto, estimo oportuno que tal dicasterio asuma entre sus tareas institucionales la de velar, en nombre del Romano Pontífice, sobre el relevante instrumento de evangelización que representa la catequesis para la Iglesia, así como la enseñanza catequética en sus diversas manifestaciones, de forma que se realice una acción pastoral más orgánica y eficaz. Este nuevo Consejo pontificio podrá ofrecer a las Iglesias locales y a los obispos diocesanos un adecuado servicio en esta materia.

Por ello, acogiendo la propuesta concorde de los jefes de dicasterio interesados, he decidido transferir al Consejo pontificio para la promoción de la nueva evangelización las competencias que, en materia de catequesis, la Constitución apostólica Pastor bonus, del 28 de junio de 1988, había encomendado a la Congregación para el clero, con la misma jurisdicción que hasta ahora ejercía dicha Congregación en esta materia y es requerida por el ordenamiento canónico.

  • Dos años antes de que se cumpliesen los 20 años del Directorio General para la Catequesis (1997) y 25 de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica (1992) comienzan a plantearse la necesidad de revisar del Directorio
  • El horizonte de la Evangelii gaudium (24 de noviembre de 2013). Esta Exhortación apostólica del papa Francisco al final de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema de La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana, suponía una hoja de ruta para la Iglesia y su misión evangelizadora, y, por tanto, también para la catequesis. En el número 11 de la Evengelii gaudium se sintetiza la nueva evangelización de esta manera: “Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual. En realidad, toda auténtica evangelización es siempre nueva”.
  1. Iter de larga elaboración

Vista la necesidad de revisar el Directorio del 1997 que había sido elaborado por la  Congregación para el Clero, y uno de cuyos avances consistió en enmarcar la catequesis dentro del proceso de evangelización de la Iglesia, ahora se trataba de mostrar la catequesis como una de las claves o herramientas fundamentales para promover la nueva evangelización, en la que están implicados ya no solo los clérigos, sino todos los cristianos. Además, era necesario recoger todos los avances magisteriales que se habían producido en los últimos años, así como tener en cuenta la riqueza aportada por el Catecismo de la Iglesia Católica y la publicación de su Compendio. Y todo ello en el marco concreto de la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. No había que olvidar los cambios socio-culturales y sus implicaciones para la catequesis; o las nuevas experiencias y formas de catequesis concretas, (muchas y variadas), que han ido surgiendo en los últimos años.

  • Primeros pasos: Reunión presencial de una Comisión de expertos de distintos continentes, compuesta por obispos, sacerdotes, religiosos, laicos y laicas, para comenzar a hacer una relectura del Directorio con un triple objetivo: identificar los elementos que todavía siguen siendo vigentes en el DGC; señalar aquellos más críticos y que necesitan ampliarse o mejorar; descubrir las ausencias o lagunas aparecidas en el transcurso de los veinte años de vigencia para subsanarlas. La Comisión elaboró un programa de trabajo para los próximos meses. Concluido este período, se reuniría de nuevo. Mientras, trabajaría de forma remota.
  • En este tiempo se dan dos acontecimientos que ralentizan el proceso de elaboración: el Jubileo de la Misericordia (8 de diciembre de 2015, Solemnidad de la Inmaculada, al 20 de noviembre de 2016, solemnidad de Cristo Rey) para celebrar el quincuagésimo aniversario de la clausura del Vaticano II. Dentro de la celebración del Jubileo de la Misericordia o Año de la Misericordia, hubo “celebraciones del jubileo por sectores o grupos”. Así, el Jubileo de los catequistas tuvo los días 23 al 25 septiembre 2016. Si por una parte estas celebraciones frenaron el programa de trabajo inicial, por otra aportaron la dimensión de la misericordia en la acción de la catequesis. Además, se aprovecharon los encuentros preparatorios del Jubileo y los contactos con los diversos organismos catequéticos y Asociaciones de Catequetas del mundo para hacer algunas consultas al respecto; sobre todo recabando información sobre temáticas y aspectos concretos, y sobre los posibles temas que tendrían que abordarse e incluirse en un documento de estas características. De hecho, como se podrá comprobar, el nuevo Directorio dedica una considerable extensión a considerar “la catequesis ante los escenarios culturales contemporáneos”, donde se recogen todos estos temas más actuales y novedosos.
  • La relectura del Directorio fue abriendo poco a poco paso a la necesidad de una reforma del mismo. De la revisión inicial se pasó a la reforma del mismo, y, más tarde, el camino emprendido conduciría al planteamiento de una nueva edición, es decir, un nuevo directorio. A este trabajo se fueron sumando las ayudas particulares de otros colaboradores más allá de la Comisión inicial (organismos vaticanos, eclesiales, sacerdotes, laicos, laicas, religiosos y religiosas, universidades y profesores y profesoras de catequética y de otras disciplinas teológicas y pastorales; incluso cristianos de Iglesias no católicas, siempre en referencia a algunas temáticas y aspectos particulares de los que cada uno en sus materias eran especialistas).
  • Se consultó también a los organismos asociados al PCPNE (Pontificio Consejo para la promoción de la nueva evangelización) como son el COINCAT (Consejo Internacional de Catequesis, instaurado por Pablo VI en 1973y la plenaria con sus Consultores. Se hizo también una consulta y escucha universal a través de las Conferencias Episcopales Nacionales y Continentales.
  • El camino inicial se fue alargando y las consultas se extendieron a toda la Iglesia. La consecuencia de estas incorporaciones fue que se logró un mapa más amplio de lo que es la universalidad de la Iglesia: su inmensa riqueza y su amplia diversidad. A pesar de estar todos convencidos e inmersos en la urgencia de la nueva evangelización, las prioridades y urgencias, los matices o los acentos concretos de las Iglesias continentales o nacionales eran diversos. Se constató, además, que la catequesis en todos los continentes asumía una tarea primordial en la promoción de la evangelización; y que los catequistas implicados en ella aglutinaban a la gran inmensa mayoría de los agentes de pastoral y colaboradores eclesiales. Sobre todo, desde algunos continentes con un cristianismo más reciente, surgía el clamor por el reconocimiento del ministerio del Catequista. De esta panorámica universal hay que destacar, además, la convergencia en otros dos puntos: la necesidad de la formación de los catequistas y la necesidad del uso de los instrumentos digitales y su importancia en el ámbito de la nueva evangelización…
  • Esta riqueza de consultas y la gran diversidad de las acentuaciones de las Iglesias, fue retrasando la redacción de El trabajo no fue fácil. Particularmente resultaba difícil integrar todas las aportaciones que iban llegando hasta el PCPNE. Una por una iban siendo examinadas, valoradas y meticulosamente introducidas. También costó dar con la clave de redacción para asumir e introducir en el Directorio la perspectiva misionera y evangelizadora a la que el Papa ha convocado a toda la Iglesia en Evangelii nuntiandi.
  • La aprobación y publicación del Directorio para la catequesis no es un punto final. Si su elaboración ha requerido un tiempo largo desde los primeros indicios hasta su aparición (2015-2020), ahora es el tiempo de entrar en su espíritu, en sus intuiciones de fondo, en sus propuestas para una praxis evangelizadora. Nos tenemos que dar un tiempo de estudio, familiarización y asimilación para que nuestra acción catequética y catequística sean más eclesiales y mejor respuesta a las necesidades de las personas de nuestro hoy.

I.- MATERIALES DE PRESENTACIÓN DEL DIRECTORIO: 25 JUNIO 2020

A) Mons. Fisichella

PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PROMOCIÓN DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

Directorio para la Catequesis

Sala de Prensa, 25 de junio de 2020.

https://www.youtube.com/watch?v=R6N27C1bBZs&feature=youtu.be

La publicación de un Directorio para la Catequesis representa un evento feliz para la vida de la Iglesia. En efecto, para quienes se dedican al gran compromiso de la catequesis puede marcar una provocación positiva porque permite experimentar la dinámica del movimiento catequético que siempre ha tenido una presencia significativa en la vida de la comunidad cristiana. El Directorio para la Catequesis es un documento de la Santa Sede confiado a toda la Iglesia. Ha requerido mucho tiempo y esfuerzo, y llega a la conclusión deuna amplia consulta internacional. Se dirige en primer lugar a los obispos, primeros catequistas entre el pueblo de Dios, porque son los primeros responsables de la transmisión de la fe (cf. n. 114). Junto a ellos están implicadas las Conferencias episcopales, con sus respectivas Comisiones para la catequesis, para compartir y elaborar un esperado proyecto nacional que apoye el camino de cada diócesis (cf. n. 413). Los más directamente implicados en el uso del Directorio, sin embargo, siguen siendo los sacerdotes, los diáconos, las personas consagradas, y los millones de catequistas que diariamente ofrecen con gratuidad, fatiga y esperanza su ministerio en las diferentes comunidades. La dedicación con la que trabajan, sobre todo en un momento de transición cultural como éste, es el signo tangible de cómo el encuentro con el Señor puede transformar a un catequista en un genuino evangelizador.

A partir del Concilio Vaticano II lo que hoy presentamos es el tercer Directorio. El primero de 1971, Directorio catequístico general, y el segundo de 1997, Directorio general de la catequesis, marcaron estos últimos cincuenta años de historia de la catequesis. Estos textos han desempeñado un papel fundamental. Han sido una ayuda importante para dar un paso decisivo en el camino catequético, sobre todo renovando la metodología y la instancia pedagógica. El proceso de inculturación que caracteriza en particular a la catequesis y que, sobre todo en nuestros días, demanda una atención muy particular, ha requerido la composición de un nuevo Directorio.

La Iglesia se enfrenta a un gran desafío que se concentra en la nueva cultura con la que se encuentra, la digital. Focalizar la atención en un fenómeno que se impone como global, obliga a quienes tienen la responsabilidad de la formación a no tergiversar. A diferencia del pasado, cuando la cultura se limitaba al contexto geográfico, la cultura digital tiene un valor que se ve afectado por la globalización en curso y determina su desarrollo. Los instrumentos creados en esta década manifiestan una transformación radical de los comportamientos que inciden sobre todo en la formación de la identidad personal y en las relaciones interpersonales. La velocidad con que se modifica el lenguaje, y con él las relaciones conductuales, deja entrever un nuevo modelo de comunicación y de formación que afecta inevitablemente también a la Iglesia en el complejo mundo de la educación. La presencia de las diversas expresiones eclesiales en el vasto mundo de Internet es ciertamente un hecho positivo, pero la cultura digital va mucho más allá. Ella toca de raíz la cuestión antropológica, decisiva en todo contexto formativo, sobre todo en lo referente a la verdad y a la libertad. Plantear esta cuestión, hace necesario verificar la idoneidad de la propuesta formativa independientemente de dónde provenga. En cualquier caso, ella se convierte en una confrontación imprescindible para la Iglesia en virtud de su “competencia” sobre el hombre y su pretensión de verdad.

Quizás, sólo por esta premisa, era necesario un nuevo Directorio para la catequesis. En la era digital, veinte años son comparables, sin exageración, al menos a medio siglo. De aquí se deriva la exigencia de redactar un Directorio que tomase en consideración con gran realismo la novedad que se asoma, con el intento de proponer una lectura que implicara la catequesis. Por este motivo, el Directorio no sólo presenta los problemas inherentes a la cultura digital, sino sugiere también cuáles caminos seguir para que la catequesis se convierta en una propuesta que encuentre al interlocutor en condiciones de comprenderla y de ver su adecuación con el propio mundo.

Existe, sin embargo, una razón más de orden teológico y eclesial que ha llevado a redactar este Directorio. La invitación a vivir cada vez más la dimensión sinodal, no se pueden olvidar los últimos Sínodos que ha vivido la Iglesia. En 2005 la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida y misión de la Iglesia; en 2008 la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia; en 2015 la vocación y misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo; en 2018 los Jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Como se puede observar, hay constantes en todas estas asambleas que tocan de cerca el tema de la evangelización y de la catequesis como puede verificarse en los documentos que les han seguido. Más concretamente, es necesario referirse a dos sucesos que marcan de manera complementaria la historia de este última década en lo que respecta a la catequesis: el Sínodo sobre la Nueva evangelización y la transmisión de la fe en 2012, con la consiguiente Exhortación Apostólica del Papa Francisco Evangelii gaudium, y el vigésimo quinto aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, ambos directamente de la competencia del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.

La evangelización ocupa el lugar principal en la vida de la Iglesia y en la enseñanza cotidiana del Papa Francisco. No podría ser de otra manera. La evangelización es la tarea que el Señor resucitado confió a su Iglesia para ser en el mundo de todos los tiempos el fiel anuncio de su Evangelio. Prescindir de este presupuesto equivaldría a convertir a la comunidad cristiana en una de las muchas asociaciones beneméritas, fuerte durante sus dos mil años de historia, pero no la Iglesia de Cristo. La perspectiva del Papa Francisco, entre  otras cosas, se sitúa en fuerte continuidad con la enseñanza de san Pablo VI en la Evangelii nuntiandi de 1975. Ambos no hacen más que referirse a la riqueza surgida del Vaticano II que, en lo referente a la catequesis, encontró su punto focal en Catequesis tradendae (1979) de san Juan Pablo II.

La catequesis, por lo tanto, debe estar íntimamente unida a la obra de evangelización y no puede prescindir de ella. Necesita asumir en sí las características mismas de la evangelización, sin caer en la tentación de convertirse en un sustituto o querer imponer a la evangelización sus propias premisas pedagógicas. En esta relación la primacía pertenece a la evangelización, no a la catequesis. Esto nos permite entender por qué a la luz de Evangelii gaudium, este Directorio está calificado para apoyar una “catequesis kerigmática”.

El corazón de la catequesis es el anuncio de la persona de Jesucristo, que va más allá de los límites del espacio y del tiempo para presentarse a cada generación como la novedad que se ofrece para alcanzar el sentido de la vida. En esta perspectiva, se indica una nota fundamental que la catequesis debe hacer suya: la misericordia. El kerygma es anuncio de la misericordia del Padre que sale al encuentro del pecador, no considerado más como un excluido sino como un invitado privilegiado al banquete de la salvación que consiste en el perdón de los pecados. Si se quiere, es en este contexto que la experiencia del catecumenado toma fuerza como experiencia del perdón ofrecido y de la vida nueva de comunión con Dios que se sigue de ahí.

La centralidad del kerygma, sin embargo, debe entenderse en sentido cualitativo no temporal. En efecto, requiere estar presente en todas las fases de la catequesis y de cada catequesis. Es el “primer anuncio” que siempre se hace porque Cristo es el único necesario. La fe no es algo obvio que se recupera en los momentos de necesidad, sino un acto de libertad que compromete toda la vida. El Directorio, pues, hace suya la centralidad del kerygma que se expresa en sentido trinitario como compromiso de toda la Iglesia. La catequesis, como expresa el Directorio, se caracteriza por esta dimensión y por las implicaciones que conlleva en la vida de las personas. Toda la catequesis, en este horizonte, adquiere un valor peculiar que se expresa en la profundización constante del mensaje evangélico. La catequesis, en definitiva, tiene como objetivo conducir al conocimiento del amor cristiano que lleva a quienes lo han acogido a convertirse en discípulos evangelizadores.

El Directorio se articula tocando varios temas que no hacen más que remitir al objetivo de fondo. Una primera dimensión es la mistagogía que se presenta a través de dos elementos complementarios entre sí: ante todo, una renovada valorización de los signos litúrgicos de la iniciación cristiana; además, la progresiva maduración del proceso formativo en el que está implicada toda la comunidad. La mistagogia es un camino privilegiado a seguir, pero no es opcional en el itinerario catequético, permanece como un momento obligatorio porque inserta cada vez más en el misterio que se cree y se celebra. Es la conciencia de la primacía del misterio lo que lleva a la catequesis a no aislar el kerygma de su contexto natural. El anuncio de la fe es siempre anuncio del misterio del amor de Dios que se hace hombre para nuestra salvación. La respuesta no puede ser otra que la acogida del misterio de Cristo en sí mismo para que pueda arrojar luz sobre el misterio de la propia experiencia personal (cf.GS 22).

Otra novedad del Directorio es el vínculo entre la evangelización y el catecumenado en sus diversas acepciones (cf. n.62). Es urgente llevar a cabo una “conversión pastoral” para liberar a la catequesis de ciertos lazos que le impiden ser eficaz. El primero se puede identificar con el esquema de la escuela, según el cual la catequesis de la iniciación cristiana se vive sobre el paradigma de la escuela. El catequista sustituye al maestro, el aula de la escuela se sustituye por la del catecismo, el calendario escolar es idéntico al de la catequesis… El segundo es la mentalidad según la cual la catequesis se hace para recibir un sacramento. Es obvio que una vez terminada la Iniciación, se crea un vacío para la catequesis. El tercero es la instrumentalización del sacramento por parte de la pastoral, de modo que los tiempos de la Confirmación se establecen por la estrategia pastoral de no perder el pequeño  jóvenes que queda en la parroquia y no por el significado que el sacramento posee en sí mismo en la economía de la vida cristiana.

El Papa Francisco escribió que “Anunciar a Cristo significa mostrar que creer en Él y seguirlo no es sólo algo verdadero y justo, sino también bello, capaz de colmar la vida de un nuevo resplandor y de un gozo profundo, aun en medio de las pruebas. En esta línea, todas las expresiones de verdadera belleza pueden ser reconocidas como un sendero que ayuda a encontrarse con el Señor Jesús… Entonces se vuelve necesario que la formación en la via pulchritudinis esté inserta en la transmisión de la fe (EG 167). Una nota de particular valor innovador para la catequesis puede expresarse por la vía de la belleza sobre todo para permitir conocer el gran patrimonio de arte, literatura y música que posee cada Iglesia local. En este sentido, es comprensible que el Directorio haya colocado el camino de la belleza como una de las “fuentes” de la catequesis (cf. nn. 106-109).

Una última dimensión ofrecida por el Directorio se encuentra en ayudar a entrar progresivamente en el misterio de la fe. Esta connotación no puede ser delegada a una sola dimensión de la fe o la catequesis. La teología indaga el misterio revelado con los instrumentos de la razón. La liturgia celebra y evoca el misterio con la vida sacramental. La caridad reconoce el misterio del hermano que extiende la mano. La catequesis, de la misma manera, nos introduce progresivamente a acoger y vivir el misterio globalmente en nuestra existencia diaria. El Directorio hace suya esta visión cuando pide expresar una catequesis que sepa hacerse cargo de mantener unido el misterio, aunque lo articule en las diversas fases de expresión. El misterio cuando es captado en su realidad más profunda, requiere silencio. Una verdadera catequesis nunca estará tentada a decir todo sobre el misterio de Dios. Por el contrario, ella deberá introducir el camino de la contemplación del misterio haciendo del silencio su conquista.

Por lo tanto, el Directorio presenta la catequesis kerygmática no como una teoría abstracta, sino más bien como un instrumento con un fuerte valor existencial. Esta catequesis  encuentra su punto de apoyo en el encuentro que permite experimentar la presencia de Dios en la vida de cada uno. Un Dios cercano que ama y sigue los acontecimientos de nuestra historia porque la encarnación del Hijo lo compromete directamente. La catequesis debe

involucrar a todos, catequista y catequizando, en la experiencia de esta presencia y en el sentirse involucrado en la obra de la misericordia. En resumen, una catequesis de este género permite descubrir que la fe es realmente el encuentro con una persona antes de ser una propuesta moral, y que el cristianismo no es una religión del pasado, sino un acontecimiento del presente. Una experiencia como ésta favorece la comprensión de la libertad personal, porque resulta ser el fruto del descubrimiento de una verdad que hace libre (cf. Jn 8,31).

La catequesis que da la primacía al kerygma es contraria a cualquier imposición, aunque fuese aquella de una evidencia que no permita vías de escape. La elección de fe, de hecho, antes de considerar los contenidos a los cuales adherirse con el propio asentimiento, es un acto de libertad porque se descubre amado. En este contexto, es bueno considerar cuidadosamente lo que el Directorio propone en cuanto a la importancia del acto de fe en su doble articulación (cf. n. 18). Por mucho tiempo la catequesis ha centrado sus esfuerzos en dar a conocer los contenidos de la fe y con qué pedagogía transmitirlos, dejando desgraciadamente de lado el momento más determinante: el acto de elegir la fe y dar el propio asentimiento.

Esperamos que este nuevo Directorio para la Catequesis pueda ser de verdadera ayuda y apoyo a la renovación de la catequesis en el único proceso de evangelización que la Iglesia no se ha cansado de llevar a cabo desde hace dos mil años, para que el mundo pueda encontrar a Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios hecho hombre para nuestra salvación.

Mons. Rino Fisichella 

B) Mons. Octavio Ruiz 

PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PROMOCIÓN DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

Elaboración del nuevo Directorio para la Catequesis

Sala de Prensa, 25 de junio de 2020.

El papa Benedicto XVI al pasar la competencia de la Catequesis al Pontificio Consejopara la Promoción de la Nueva Evangelización quería subrayar el puesto tan importante quetiene la catequesis en la realización de la misión fundamental de la Iglesia: la evangelización. Justamente en una de las sesiones finales de la XIII Asamblea General del Sínodo de los Obispos sobre «La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana», había manifestado esa intención, la cual concretó el 16 de enero de 2013 al publicar la carta apostólica Fides per doctrinam, en la que se dice que la fe necesita ser sostenida por medio de una doctrina capaz de iluminar la mente y el corazón de los creyentes, pues el particular momento histórico que vivimos, marcado entre otras cosas por una dramática crisis de fe, requiere asumir una conciencia tal que responda a las grandes esperanzas que surgen en el corazón de los creyentes por los nuevos interrogantes que interpelan al mundo y a la Iglesia. La inteligencia de la fe, por lo tanto, requiere siempre que sus contenidos se expresen con un lenguaje nuevo, capaz de presentar la esperanza presente en los creyentes a cuantos piden su razón (cf. 1 P 3, 15).

La Catequesis, entonces, está llamada a una renovación, que no puede consistir solamente en un cambio de estrategias, o en la elaboración de discursos simplemente atractivos. Este PCPNE, por lo tanto, ha tenido desde un comienzo como una de sus principales preocupaciones la transmisión de la fe en cuanto parte esencial del cumplimiento de la misión que el Señor le confió a la Iglesia, pero, además, la toma de conciencia de cómo se vive y se da el testimonio de la fe en la sociedad actual. Estas dos preocupaciones fundamentales son las que se encuentran al origen del Dicasterio. En efecto, la Iglesia no vive más en un régimen de cristiandad, sino en medio de una sociedad secularizada en la que al fenómeno del alejamiento de la fe se añade el hecho de que se ha ido perdiendo el sentido de lo sagrado y se han puesto en tela de juicio los fundamentos de los grandes valores del cristianismo. Muchos de nuestros carecen de una convicción en lo que creen, desconocen lo fundamental de la fe que profesan y les hace falta una vivencia auténtica de esa fe. A la base de esto hay que reconocer que muchos bautizados nunca recibieron una iniciación cristiana, que no fueron animados porel kerygma, que no han logrado un encuentro personal con Cristo y que no han tenido un apoyo y acompañamiento de la comunidad cristiana.

Con el fin de profundizar en lo que se refiere a la relación catequesis-evangelización, este PCPNE organizó una serie de encuentros con los obispos y los responsables de los departamentos de nueva evangelización y catequesis de las conferencias episcopales. Un primer encuentro se tuvo en diciembre 2014 en Puebla (Mexico) con los delegados de América Central, México y el Caribe. Luego en enero de 2015 en Roma se realizó el encuentro con los delegados de los episcopados de Europa. En junio de 2015 en la ciudad de San Luis se tuvo el encuentro con los delegados de las distintas regiones de Estados Unidos. En septiembre de 2015 se realizaron dos encuentros, el primero en Aparecida con los delegados de las conferencias episcopales regionales de Brasil y luego en Lima (Perú) con los delegados del Cono Sur y de la región Andina de América Latina. Asimismo, se realizó aquí en Roma en marzo de 2015 un seminario de estudio con expertos provenientes del ámbito académico y de los organismos pastorales en el campo catequético para dar una mirada global a la situación de la catequesis en Europa, Estados Unidos y América Latina.

Contemporáneamente se vio la necesidad de profundizar acerca de cómo la actividad catequística se inserta dentro del proceso de nueva evangelización. Se elaboró, entonces, en mayo de 2015, un primer borrador de un documento que llevaba por título Catequesis y Nueva Evangelización que, partiendo del Directorio General para la Catequesis, asumía lo que el papa Francisco indicaba en la exhortación apostólica Evangelii gaudium. Dicho proyecto se presentó a los Miembros de este Pontificio Consejo durante la II Asamblea Plenaria realizada del 27 al 29 mayo  2015, durante la cual se decidió que era más oportuno realizar una actualización del Directorio de 1997.

Para llevar a cabo esta tarea se convocó en Roma una Comisión de expertos para examinar el Directorio y solicitarles sus propuestas para su actualización. Dicha Comisión estuvo compuesta por 12 expertos que provenían de Brasil, Colombia, México, Estados Unidos y de diversos países europeos: Croacia, España, Francia, Italia, Polonia, Reino Unido y Ucrania. Participaban en esa Comisión, además de los superiores del PCPNE, un obispo de las Iglesias orientales, 6 presbíteros, 1 religiosa, 3 laicas y 1 laico. En el primer encuentro, 2-3 de marzo 2016 se examinó el DGC y se tomaron nota de los puntos que había que revisar y actualizar. Luego del 6-7 de julio, en un segundo encuentro, se pusieron en común las distintas sugerencias. En un tercer encuentro realizado del 24 al 28 de octubre se llegó a la redacción de un documento que intentaba recoger las conclusiones a las que se había llegado durante los tres encuentros realizados. Este texto fue ampliamente estudiado y se concluyó que era mejor pensar en la elaboración de un nuevo Directorio que respondiera más directamente a los nuevos desafíos que se presentan a la Iglesia en la actualidad, teniendo en cuenta los grandes cambios culturales que se han dado a lo largo de los últimos años y que tomara en consideración el rico magisterio pontificio de este período. De inmediato, tomando en cuenta las sugerencias recibidas se elaboró un primer borrador, que fue enviado en el mes de abril de 2017 a más de cien expertos de los cinco continentes (incluyendo por lo tanto países del África, Asia y Australia): cardenales, obispos, presbíteros, religiosos, religiosas y laicos competentes en Sagrada Escritura, teología, catequética, liturgia, pastoral. También se consultaron diversas Conferencias Episcopales y algunas Universidades como también a los Miembros del Co.In.Cat. Las observaciones recibidas de todos los que fueron consultados se tuvieron en cuenta para la redacción de un segundo borrador. En septiembre de 2017 se llevó a cabo una reunión con los Consultores del PCPNE en el que se reflexionó especialmente en lo relativo a los jóvenes y a la piedad popular, temas de importancia para la elaboración del Directorio.

Al realizar la IV Asamblea Plenaria del 27 al 29 de septiembre de 2017, los Eminentísimos y Excelentísimos Miembros aprobaron en sustancia el cuarto borrador del Directorio y del 16 al 17 de octubre se realizó una reunión con el Co.In.Cat durante la cual se discutieron algunas temas de interés para el nuevo Directorio: realidad juvenil, cultura digital, catequesis y personas con discapacidad y piedad popular.

A partir de esos encuentros se realizaron más consultas en la medida en que se iban haciendo las debidas correcciones, hasta llegar al texto actual del nuevo Directorio, después de 12 borradores.

Han sido, pues, casi 6 años de trabajo para la elaboración del nuevo Directorio para la Catequesis, cuya última redacción ha sido aprobada por el Santo Padre el pasado 23 de marzo, en la memoria litúrgica de Santo Toribio de Mogrovejo, y ordenó su publicación.

Mons.  Octavio Ruiz Arenas

C) Mons. Franz-Peter Tebartz-van Elst

PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PROMOCIÓN DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

Consideraciones y Perspectivas

Sala de Prensa, 25 de junio de 2020.

Después de la presentación por parte del Presidente y del Secretario del contenido y las orientaciones del nuevo Directorio, quisiera finalmente destacar brevemente algunos aspectos que son importantes para el uso de este documento hoy.

Me parece que hay siete puntos sobre los que debemos reflexionar.

  1. El nuevo Directorio está muy atento a los signos de los tiempos y trata de interpretarlos a la luz del Evangelio – como dice la Constitución Pastoral del Concilio Vaticano II, Gaudium et spes. En efecto, estos son los principales desafíos de una cultura digital en el contexto de la transmisión de la fe en la familia en su composición intergeneracional. Además, el nuevo Directorio presta gran atención a todas las cuestiones relacionadas con la crisis ecológica y, en cuanto a la catequesis, se refiere a la Encíclica Papal Laudato Si’. En esta consideración de los signos de los tiempos, hay una orientación del Directorio que no asume una posición unilateral e indiferenciada por un lado, sino que ayuda a considerar las oportunidades y los límites de manera apropiada. Esta reflexión crea la motivación para actuar apropiadamente en un campo correspondiente de aprendizaje catequético.
  2. En este contexto, el nuevo Directorio para la Catequesis da más valor al contenido de la fe. Basándose en la Carta Apostólica del Papa Francisco Evangelii gaudium, el kerigma no se entiende, por lo tanto, en el sentido estricto de la palabra, como una fe encerrada en ciertas frases, sino como un testimonio que crea nuevos testigos.
  3. Con referencia a la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi del año 1975 ésta inspira en gran medida el documento Evangelii Gaudium, el nuevo Directorio subraya la importancia de la catequesis como parte indispensable de un proceso de evangelización más amplio. También en este sentido, el actual Directorio es a la vez continuidad e innovación. Haciendo hincapié en los responsables específicos de la catequesis – desde el obispo como primer catequista de su diócesis hasta sus abuelos – la catequesis no puede ser delegada sino que es la esencia más íntima de todas las formas y maneras de predicar la fe.
  4. Como el anterior Directorio del año 1997, el presente Directorio guía el proceso de cualquier catequesis basada en el catecumenado como una forma original de iniciación cristiana. Especialmente bajo los desafíos actuales de la pastoral misionera, el catecumenado se está convirtiendo en un paradigma en contenido y estructura para enseñar e interiorizar la fe personalmente. Así es como se crece en la posesión de una identidad cristiana y eclesial.
  5. A partir de la Carta Apostólica Amoris laetitia, el nuevo Directorio promueve también el desarrollo de un catecumenado para el matrimonio en este sentido, en analogía con el proceso de iniciación, para poner de relieve la fase preparatoria del matrimonio en su significado catequético.
  6. Más que los anteriores Directorios de 1971 y 1997, el presente documento destaca una idea central de la Carta Apostólica Evangelii gaudium. En ella, el Papa Francisco habla expresamente de la importancia de la via pulchritudinis como punto de partida central de la evangelización en la era postmoderna. Esto esboza la comprensión de que la belleza no debe ser malinterpretada como esteticismo, sino más bien – siguiendo los pasos del Papa Benedicto XVI – que la verdad es bella y la belleza es verdadera.
  7. La gran expectativa del nuevo Directorio para la Catequesis – especialmente en los países anglosajones y en Europa del Sur y del Este, en los Estados Unidos y en América del Norte y del Sur, en África y Asia – muestra que la catequesis necesita del intercambio de las Iglesias particulares dispersas por el mundo. El gran compromiso de muchas Iglesias locales en el desarrollo de sus Directorios Diocesanos para la Catequesis adquirirá nueva inspiración y motivación a partir del nuevo documento.

Esta es mi experiencia derivada de las numerosas conferencias sobre catequesis a las que he podido asistir en los últimos años en las diversas Iglesias locales y de las consideraciones que muchas personas me han expresado, junto con su gran expectativa y alegría por el nuevo documento.

Mons. Franz-Peter Tebartz-van Elst

D) CLAVES DE LECTURA

Claves para leer el directorio 2020

PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PROMOCIÓN DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

  1. E) TEXTO PDF DEL DIRECTORIO

PDF DIRECTORIO GENERAL PARA LA CATEQUESIS 1997

II.- INFORMACIÓN SOBRE NUESTRA ASOCIACIÓN AECA

A) NOTA INFORMATIVA SOBRE LA REUNIÓN DEL CONSEJO DIRECTIVO EL DÍA 10 DE JUNIO DE 2020

El día 10 de junio de 2020, el Consejo Directivo celebra su reunión de manera telemática, con la ausencia de Manuel M. Bru, por razones de salud.

Principales decisiones tomadas.

  • Se trata el tema de las Jornadas 2020. Hay decisión unánime de continuar con ellas. En el mes de septiembre, de acuerdo con la realidad sanitaria y la legalidad del momento sobre reuniones y desplazamientos, se decidirá si continuamos adelante o si hay que suspender la convocatoria. No se contempla un traslado de fecha, solo la suspensión. En este supuesto, el Consejo Directivo actual, que por Estatutos debe ser renovado en la Asamblea General de 2020, continuaría “en funciones” hasta las próximas Jornadas de 2021.
  • El tema central de las Jornadas será: DIRECTORIO PARA LA CATEQUESIS que fue el tema votado en primer lugar en la Asamblea 2019. A ruego de algún socio, la mesa redonda se hará con algunos de los socios y socias que han colaborado en las reflexiones de nuestra página web: Pandemia y Catequesis. Abrimos una puerta a la actualidad y mantenemos el tema central. El ponente principal, que ya ha aceptado la invitación, será OCTAVIO RUIZ ARENAS, Secretario del PCPNE, que ha llevado muy de cerca la elaboración del Directorio.
  • Dada la actual situación que vivimos se ha hecho un esfuerzo por concentrar en los días 3 y 4 de diciembre las Jornadas. Esta sugerencia ya salió en la reflexión de la Asamblea 2029. La actual situación general de incertidumbre que vivimos aconseja ensayar esta modalidad, reduciendo días de desplazamiento. Así, las Jornadas comenzarían el día 3 de diciembre a las 11.30 h para dar la posibilidad de viajar y de llegar al inicio de estas. Terminarían el día 4 a las 18.00 h. por las mismas razones.
  • Son Jornadas importantes porque en la Asamblea General anual, preceptiva por Estatutos, tendrá lugar en la tarde del día 3 de diciembre a las 16.00 h, en el orden del día consta el importante punto de la elección de Consejo Directivo. Ya lanzamos una invitación a todos los socios y socias de AECA a participar en esta Asamblea por el interés de las votaciones.
  • Se hace un primer borrador detallado del desarrollo de las Jornadas para tenerlas preparadas (lugar, personas que tienen que intervenir…). En septiembre se publicará en el Boletín Informativo el proyecto con detalle.
  • Se da el visto bueno al Marco de referencia de los contenidos de la web de la Asociación AECA que se presentará a la Asamblea para su posible aprobación.
  • Igualmente se elabora un primer esbozo de lo que será la participación AECA en el estudio y difusión del Se explicará en la Asamblea y se invitará a participar en el proyecto de manera personal.
  • Se eligen los socios y socias que este año serán distinguidos, por primera vez, como MIEMBRO HONORÍFICO DE LA ASOCACIÓN AECA, de acuerdo a lo que se aprobó en la Asamblea de 2019. Al mismo tiempo se formula el “protocolo” de entrega de esta distinción ya que carecemos de antecedentes.

B) AVANCE DE LAS JORNADAS 2020

Las novedades con respecto a otras Jornadas

van en trama amarilla para que no pasen desapercibidas.

DIA 3 de diciembre 2020

LA VOZ DE LAS IGLESIAS

– 11,30 h. Acogida.

– 11,50 h. Inicio. Oración.

– 12,30: Marco jornadas

– 12,50 h. PONENCIA I: Génesis, elaboración del Directorio (Mons. Octavio RUIZ).

La ponencia quiere responder a estas preguntas iniciales: ¿Cómo, cuándo, por qué surge la necesidad de un nuevo DIRECTORIO? ¿Cómo era la voz de las Iglesias que componen la Iglesia, qué pedían?

-14.00 h. Comida

TARDE

LA VOZ DE LA ASAMBLEA

– 16,00 h. Asamblea AECA

– 19.00 h Merienda cena in situ

DIA 4 de diciembre

LA VOZ DE LA IGLESIA

– 09,30 h. PONENCIA II: Núcleos fundamentales del DdC. (Mons. Octavio RUIZ).

La ponencia quiere destacar los núcleos problemáticos de las Iglesias en su misión de “engendrar nuevos cristianos“ y las opciones que el Directorio toma, o abre, o deja a las Conferencias Episcopales (= qué sinodalidad propone el Directorio.

-12,00 h. La catequesis en el mundo vista desde Roma.

La finalidad de este espacio es informativa.

-13,00 h. Eucaristía.

Obispo invitado: D. Amadeo, Presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis, Evangelización y Catecumenado.

-14,00 Comida

TARDE

UNA VOZ INESPERADA

16,00 h. Mesa redonda: El desafío de la pandemia a la catequesis y a la catequética.

– 17,30 h. NUESTRA VOZ

Tres miembros de AECA, antes de despedirnos, dicen a todos qué es lo que cada uno de ellos ha visto que ha sonado con fuerza en nuestra Asamblea.

– 17,50 h. Despedida hecha por el nuevo Presidente.

– 18,00 h. Final de las Jornadas.

C) PROPUESTA-PREVISIÓN DE LA PARTICIPAPCIÓN DE LA ASOCIACIÓN AECA EN EL ESTUDIO Y DIFUSIÓN DEL DIRECTORIO PARA LA CATEQUESIS

Borrador de Aportaciones de la Asociación AECA al estudio y difusión del Directorio para la catequesis. Será presentado a la Asamblea General de 2020 para su matización y, en su caso, aprobación.

– Jornadas AECA 2020

            Ponencias e intervención de Mons. Octavio Ruiz Arenas

Se hará un libro con la publicación de estas intervenciones, de los materiales que se produzcan en las Jornadas y de “materiales” oficiales que se seleccionen, v.g.: Intervenciones oficiales de Roma, de la CEE, etc.

– Comentario Teológico Pastoral al Directorio para la Catequesis

  • El Consejo Directivo creará, previsiblemente, un “equipo de seguimiento del libro”. Este equipo hará un plan del libro: lo que queremos, la forma, la extensión…
  • Se invitará a miembros de AECA (los amigos portugueses son considerados como “de casa” para su participación), y, si se juaga conveniente, se podrá invitar a otras personas que no sean miembros de la Asociación.
  • Seguimiento del proceso de elaboración: Calendario, redacción-revisión final.
  • El libro no debería ir en la colección “Cuadernos AECA”, sino en otro formato y colección de estudio. Hablar con PPC para estas cosas.

– Abrir en la web de la Asociación una ventana: “DIRECTORIO”

  • Hay se recogerían comentarios personales, power point de presentación del Directorio realizadas por particulares o por diócesis, delegaciones, escuelas de catequistas…
  • Se seguiría un poco el procedimiento de la ventana donde se cuelgan ahora colaboraciones de “Pandemia y catequesis”.

Este plan, si es aprobado, se pondrá en conocimiento del Secretariado Nacional de Catequesis con la intención de colaboración y de sumar fuerzas. Por otra parte, nos permitirá ampliar el número de posibles autores.

Es de esperar que los Centros Superiores de Catequesis  que  funcionan en nuestras Iglesias emprendan también iniciativas de estudio a las que estaremos abiertos.

III. ARTÍCULOS DE POSIBLE INTERÉS

  1. EN LA HORA DE LA ENFERMEDAD

Thomas HALIK  (sacerdote católico, filósofo y profesor universitario checo)

https://parroquialosangeles.org/images/Parroquia/ActividadParroquial/19_20/Coronavirus/La_cristiandad.pdf

Nuestro mundo está enfermo. No solo me refiero a la pandemia del coronavirus, sino al estado de nuestra civilización tal como se revela en este fenómeno global. En términos bíblicos: es un signo de los tiempos. ¿Qué tipo de desafío representa esta situación para el cristianismo, para la Iglesia, uno de los primeros “actores mundiales” y para la teología?

El año pasado, justo antes de Pascua, la catedral de Nôtre Dame en París estaba en llamas. Este año, durante la Cuaresma, no hay servicios religiosos en cientos de miles de iglesias en varios continentes, ni en sinagogas y mezquitas. Como sacerdote y teólogo, reflexiono sobre estas iglesias vacías o cerradas y veo en ellas una señal y un desafío de Dios. ¿No ha llegado el momento de una reforma profunda, más allá del miedo?

Al comienzo de esta inusual temporada de Cuaresma, muchos de nosotros pensamos que esta epidemia causaría un colapso generalizado a corto plazo, una ruptura en el funcionamiento normal de la sociedad, que íbamos a superar de una forma u otra, y que pronto todo volvería a la normalidad, es decir, como era antes. Este no será el caso. Y no sería bueno hacerlo. Después de esta experiencia global, el mundo ya no será el mismo que solía ser, y probablemente no debería serlo.

Durante grandes calamidades, es natural preocuparse primero por las necesidades materiales para sobrevivir, pero uno no vive solo de pan. El inevitable proceso de globalización parece haber alcanzado su punto máximo: la vulnerabilidad general de un mundo global ahora es obvia. Ha llegado el momento de examinar las implicaciones más profundas de este golpe para la seguridad de nuestro mundo.

La Iglesia como hospital de campaña

Esta vez también ha llegado para el cristianismo, para la Iglesia y para la teología. La Iglesia debería ser un “hospital de campaña”, como sugiere el Papa Francisco. Con esta metáfora, el Papa quiere decir que la Iglesia, lejos de permanecer separada del mundo en un espléndido aislamiento, debe liberarse de sus fronteras y brindar ayuda donde las personas están física, mental y socialmente y espiritualmente afligidas. Sí, así es como la Iglesia puede arrepentirse de las heridas inflingidas por sus representantes más débiles, incluso recientemente. Pero tratemos de pensar más profundamente sobre esta metáfora y confrontarla con la vida real.

Para que la Iglesia sea un “hospital”, debe proporcionar servicios de salud, sociales y de beneficencia, lo que ha hecho desde los albores de su historia. Pero, como cualquier buen hospital, también tiene otras tareas que cumplir: diagnóstico (identificando los “signos de los tiempos”), prevención (creando un “sistema inmunológico” en una sociedad plagada de virus malignos del miedo, odio, populismo y nacionalismo) y convalecencia (superando traumas pasados con perdón).

Iglesias vacías: una señal y un desafío

Comprender el lenguaje de Dios en los eventos de nuestro mundo requiere el arte del discernimiento espiritual, que a su vez requiere un desprendimiento contemplativo de nuestras emociones y prejuicios intensos, así como proyecciones de nuestros miedos y deseos. En tiempos de desastre, los “agentes dormidos de un Dios malvado y vengador” esparcen el miedo y obtienen capital religioso para sí mismos (ver Michel Grandjean: Cuando el infierno moraba en la Edad Media). Su visión de Dios ha traído agua al molino del ateísmo durante siglos.

En tiempos de desastres, no veo a Dios como un director lleno de ira, instalado detrás de la escena de los eventos de nuestro mundo, sino más bien como una fuente de fortaleza, que opera entre aquellos que muestran solidaridad y amor desinteresado. en tales situaciones, incluidas aquellas que no actúan por “motivación religiosa”. Dios es amor humilde y discreto.

Aún así, no puedo evitar preguntarme si el tiempo de las iglesias vacías y cerradas no es una especie de advertencia sobre lo que podría suceder en un futuro no muy lejano: eso es lo que podría ocurrir en pocos años en una gran parte de nuestro mundo. ¿No hemos sido advertidos de lo que está sucediendo en muchos países, donde cada vez más iglesias, monasterios y seminarios están vaciando y cerrando sus puertas? ¿Por qué durante tanto tiempo hemos atribuido este desarrollo a las influencias externas (“el tsunami secular”) en lugar de entender que un capítulo en la historia del cristianismo está llegando a su fin y que es hora de prepararse para esto? ¿qué viene?

Esta era de vacío en los edificios de las iglesias puede revelar simbólicamente a las iglesias su vacío oculto y el futuro que les puede esperar, si no hacen un esfuerzo serio por mostrar al mundo una cara completamente diferente del cristianismo.

Hemos intentado demasiado para convertir el mundo (“los otros”), y mucho menos para convertirnos a nosotros mismos, no a través de una simple “mejora”, sino mediante una transformación radical de “ser cristiano”. “Estático en un dinámico” cristiano en ciernes “.

Quizás deberíamos aceptar el ayuno actual para los servicios religiosos y el funcionamiento de la Iglesia como “kairos”, un tiempo para detenerse y participar en una profunda reflexión ante Dios y con Dios.

Cuando la iglesia medieval hizo un uso excesivo de la prohibición como sanción y luego de estas “huelgas generales” de toda la maquinaria eclesiástica, los servicios religiosos fueron suspendidos y los sacramentos ya no se administraron, la gente comenzó a buscar cada vez más una relación personal con Dios, una “fe desnuda”. Las fraternidades laicas y el misticismo han experimentado un gran auge. Este desarrollo indudablemente ha ayudado a allanar el camino para la Reforma, no solo la de Lutero y Calvino, sino también la reforma católica vinculada a los jesuitas y el misticismo español. Quizás hoy, el redescubrimiento de la contemplación podría ayudar a completar el “camino sinodal” para un nuevo Consejo reformador.

Una llamado a la reforma

Estoy convencido de que ha llegado el momento de pensar en cómo continuar el movimiento de reforma que el Papa Francisco considera necesario: no intentos de regresar a un mundo que ya no existe, ni recurrir a simples reformas estructurales externas, sino más bien un cambio hacia el corazón del Evangelio, “un viaje a las profundidades”.

No veo cómo los sustitutos artificiales, como la televisión de masas, serían una buena solución en un momento en que está prohibido el culto público. El paso a la “piedad virtual”, la “comunión a distancia” y la genuflexión frente a una pantalla de televisión es realmente algo extraño. Quizás deberíamos tratar de vivir la verdad de la palabra de Jesús: “Donde dos o tres personas están reunidas en mi nombre, yo estoy con ellas”.

¿Estamos realmente respondiendo a la falta de sacerdotes en Europa importando “repuestos” para maquinaria de la Iglesia del suministro aparentemente inagotable en Polonia, Asia y África? Por supuesto, debemos tomar en serio las propuestas del Sínodo para la Amazonía, pero al mismo tiempo debemos dar más espacio al ministerio de los laicos en la Iglesia; no olvidemos que en muchas áreas la Iglesia ha sobrevivido sin clero durante siglos. Este “estado de emergencia” bien puede ser el indicativo de la nueva cara de la Iglesia, de la cual hay precedentes en la historia.

Estoy convencido de que nuestras comunidades cristianas, nuestras parroquias, nuestras congregaciones, nuestros movimientos eclesiásticos y nuestras comunidades monásticas deben buscar acercarse al ideal que dio origen a las universidades europeas: una comunidad de alumnos y maestros, una escuela de sabiduría, donde se busca la verdad a través del debate libre y también la contemplación profunda.

Tales islas de espiritualidad y diálogo podrían ser la fuente del poder curativo para un mundo enfermo. En vísperas de las elecciones papales, el cardenal Bergoglio citó del Apocalipsis: “Cristo se para a la puerta y llama”. Añadió: hoy Cristo está tocando el interior de la Iglesia y quiere salir. Tal vez eso es lo que acaba de hacer.

¿Dónde está Galilea hoy?

Durante años he estado reflexionando sobre el conocido texto de Friedrich Nietzsche sobre el “loco” (el bufón que es el único autorizado para decir la verdad) que proclama “la muerte de Dios”. Al final del capítulo, el loco va a la iglesia a cantar “Requiem aeternam deo” y pregunta: “Después de todo, ¿qué son realmente estas iglesias si no son las tumbas y tumbas de Dios?” Debo admitir que, durante mucho tiempo, ciertos aspectos de la Iglesia me recuerdan las tumbas espléndidas y frías de un dios muerto.

Este año, la mayoría de nuestras iglesias probablemente estarán vacías. Es en otra parte donde leeremos los textos del Evangelio sobre la tumba vacía. Si el vacío de las iglesias nos evoca la tumba vacía, no ignoremos la voz de arriba: “Él no está aquí. Él ha resucitado. Él te precede en Galilea”.

Una pregunta puede estimular nuestra meditación durante esta extraña Pascua: ¿dónde está Galilea hoy donde podemos encontrarnos con el Cristo vivo?

La investigación sociológica indica que, en todo el mundo, el número de “residentes” (tanto los que se identifican plenamente con la forma tradicional de religión como los que afirman el ateísmo dogmático) está disminuyendo mientras que el de “buscadores” está aumentando. Además, por supuesto, hay un número creciente de personas “apáticas” (personas que son indiferentes a las preguntas de religión o la respuesta tradicional que se les da). La línea principal de demarcación ya no está entre aquellos que se consideran creyentes y aquellos que dicen ser no creyentes. Hay investigadores, tanto entre los creyentes (aquellos para quienes la fe no es una herencia sino un camino) como entre los no creyentes que, aunque rechazan los principios religiosos propuestos por quienes los rodean, sin embargo, sienten el ardiente deseo de “una fuente” que puede calmar su sed de significado.

Estoy convencido de que la Galilea de hoy “, donde tenemos que ir en busca del Dios que ha pasado por la muerte, es el mundo de los” buscadores”.

La Teología de la Liberación nos ha enseñado a buscar a Cristo entre los marginados de la sociedad. Pero también es necesario buscarlo entre las personas que están marginadas dentro de la Iglesia misma, entre aquellos “que no nos siguen”. Si vamos a unirnos a ellos, como discípulos de Jesús, tendremos que renunciar a mucho.

En busca de Cristo entre los buscadores

Muchas de nuestras viejas nociones sobre Cristo deben ser abandonadas. El Resucitado se transforma radicalmente por la experiencia de la muerte. Como leemos en los Evangelios, incluso sus familiares y amigos no lo reconocieron. No tenemos que tomar todo lo que se nos dice al pie de la letra. Podemos persistir en querer tocar sus heridas. Además, ¿dónde podríamos encontrarlos con seguridad, si no en las heridas del mundo y las de la Iglesia, en las heridas del cuerpo que él tomó sobre él?

Debemos abandonar nuestras intenciones de proselitismo. No entramos en el mundo de los buscadores para “convertirlos” lo más rápido posible y encerrarlos dentro de los límites institucionales y mentales existentes de nuestras Iglesias. Jesús mismo, que estaba buscando las “ovejas perdidas de la casa de Israel”, no las trajo de vuelta a las estructuras del judaísmo de su época. Sabía que el vino nuevo debía ser vertido en odres nuevos.

Queremos extraer cosas nuevas y viejas del tesoro de la tradición que se nos ha confiado e integrarlas en un diálogo con los investigadores, un diálogo en el que podemos y debemos aprender unos de otros. Debemos aprender a expandir radicalmente los límites de nuestra comprensión de la Iglesia. Ya no es suficiente para nosotros abrir magnánimamente una “corte de los gentiles”. El Señor ya llamó a la puerta “desde adentro” y salió, y depende de nosotros buscarlo y seguirlo. Cristo entró por la puerta que habíamos cerrado por miedo a los demás. Cruzó el muro con el que nos rodeamos. Abrió un espacio cuya escala y amplitud nos marearon.

En el umbral mismo de su historia, la Iglesia primitiva de los judíos y los paganos experimentó la destrucción del Templo en el que Jesús oró y enseñó a sus discípulos. Los judíos de esa época encontraron una solución valiente y creativa: reemplazaron el altar del Templo destruido con la mesa familiar judía, y la práctica del sacrificio con la oración privada y comunitaria. Reemplazaron las ofrendas quemadas y los sacrificios de sangre con el “sacrificio de los labios”: reflexión, alabanza y estudio de las Escrituras. Casi al mismo tiempo, el cristianismo primitivo, desterrado de las sinagogas, buscaba una nueva identidad propia. Sobre los escombros de las tradiciones, judíos y cristianos aprendieron a leer la Ley y los profetas y a interpretarlos sobre nuevas bases. ¿No estamos en una situación similar en estos días?

Dios en todas las cosas

Cuando Roma cayó a principios del siglo V, hubo muchos que se apresuraron a dar una explicación: los paganos lo veían como un castigo de los dioses debido a la adopción del cristianismo, mientras que los cristianos lo veían como un castigo de Dios infligido a Roma, que había seguido siendo la ramera de Babilonia.

San Agustín rechazó estas dos explicaciones. Fue en este momento crucial que desarrolló su teología de la lucha centenaria entre dos “ciudades” opuestas, no entre cristianos y paganos, sino entre dos “amores” que habitan el corazón del hombre: el amor cerrado a la trascendencia (amor sui usque ad contemplatum Deum) y al amor que se entrega y así encuentra a Dios (amor Dei usque ad contemplatum sui). El período actual, donde estamos presenciando un cambio de civilización, ¿no exige una nueva teología de la historia contemporánea y una nueva comprensión de la Iglesia?

“Sabemos dónde está la iglesia, pero no sabemos dónde no está”, nos enseñó el teólogo ortodoxo Evdokimov. Lo que el último Consejo dijo sobre la catolicidad y el ecumenismo quizás deba adquirir un contenido más profundo. Ha llegado el momento de ampliar y profundizar el ecumenismo, de “buscar a Dios en todas las cosas” con mayor audacia.

Podemos, por supuesto, aceptar esta Cuaresma con sus iglesias vacías y silenciosas como una simple medida temporal, breve y pronto olvidada. Pero también podemos darle la bienvenida como kairos, un momento oportuno “para entrar en aguas más profundas” y buscar una nueva identidad para el cristianismo en un mundo que está cambiando radicalmente ante nuestros ojos. La pandemia actual ciertamente no es la única amenaza global que nuestro mundo enfrentará hoy y en el futuro.

Demos la bienvenida a la temporada de Pascua que viene como un llamado a buscar a Cristo nuevamente. No busquemos la vida entre los muertos. Vamos a buscarlo con audacia y tenacidad, y no nos sorprendamos si se nos aparece como un extraño. Lo reconoceremos por sus heridas, por su voz cuando nos hable en privado, por su Espíritu que trae paz y elimina el miedo.

  1. BAUTIZADOS IGLESIA EN MADRID

En plena Pandemia, el Consejo directivo de AECA hizo un llamamiento a los socios para que, bajo el epígrafe Catequesis y pandemia, ofreciéramos una reflexión sobre lo que estábamos viviendo y su repercusión en la catequesis. A dicho llamamiento han respondido 9 socios (Paula Depalma, Francisco, J. Romero, María Navarro, José Luis Saborido, Álvaro Ginel, Rodolfo Pérez, José Antonio Sánchez y Manuel Mª Bru), con un total de 15 comunicaciones. Según iban llegando Manuel las fue colgando en la sección creada a propósito en nuestra página web. Tal y como se ha informado más arriba, en la próximas Jornadas, las aportaciones más significativas serán presentadas por sus autores en una “Mesa redonda” de las Jornadas. Aquí solo se publica una como botón de muestra.

Juan Carlos CARVAJAL BLANCO (Vicepresidente y Secretario de AECA)

https://aeca-catequetas.es/index.php/2020/05/24/bautizados-iglesia-en-mision/

La crisis del coronavirus nos ha pillado a todos con el paso cambiado, también a la Iglesia. Nuestras programaciones, las reuniones de grupo, las catequesis, las celebraciones de los sacramentos, la atención del despacho de caritas…, todo saltó por los aires, incluso la vida misma de las comunidades cristianas. Por otro lado, ante el drama que se estaba viviendo, pronto aparecieron ante los ojos de la gente “los héroes” a los que había que mirar, admirar y reconocer. Los médicos y demás sanitarios, las limpiadoras, los trasportistas, los soldados, los reponedores y cajeras de los grandes almacenes…; tal y como el papa Francisco decía en la celebración del 27 de marzo, eras esas “personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia”.

¿Dónde está la visibilidad de la Iglesia?

En aquel momento la Iglesia parecía perder visibilidad, máxime cuando los lugares de culto y los mismos centros parroquiales estaban cerrados o era muy difícil acceder a ellos. Entonces, en las redes sociales, surgió una reacción que trataba de recuperar la visibilidad de la Iglesia reivindicando la labor de los sacerdotes bien fuera por su servicio en los hospitales y cementerios, por su atención a los pobres o por su disponibilidad para el diálogo. Por esas mismas redes, se oraba por ellos y se manifestaba la importancia de su ministerio. Considero que, en cierto modo, el Pueblo de Dios quería salir del anonimato por medio del ministerio de sus pastores, aquellos que actualizaban diariamente el acontecimiento salvador de Jesucristo en el sacramento del Altar.

No puedo negar que, como pastor, este reconocimiento y cariño me llenó de emoción y me sentí confirmado en mi ministerio. No obstante, algo me inquietaba. Realmente, el compromiso de la Iglesia, la presencia del misterio salvador de Jesucristo en esta pandemia ¿se podía reducir al ejercicio ministerial?, ¿este es el único modo de visibilizarlo, no solo hacia el exterior de la Iglesia, sino, incluso, al interior de la misma comunidad cristiana? Me daba la impresión de que algo estaba fallando. Parecería que en la conciencia cristiana todavía permanece la idea de que la Iglesia siguen siendo los ministros ordenados y que el resto de los bautizados, en el mejor de los casos, son mandatarios de los que tienen la gracia de estado. Seguro que esta percepción puede ser exagerada. Pero la sensación que queda es que nuestras catequesis de iniciación no terminan de alcanzar el fin que le es propio y, por tanto, no revelan la riqueza que supone la vocación bautismal.

La significatividad del ser bautizado

Cuando el Directorio General para la Catequesis se refiere a la finalidad de la catequesis, emplea unos términos muy categóricos: “El fin definitivo de la catequesis es poner a uno no sólo en contacto sino en comunión, en intimidad con Jesucristo” (n. 80). Lamentablemente, muchas veces en nuestras catequesis nos conformamos con que los que se inician tengan un conocimiento más o menos vago y con diversa carga afectiva de Jesucristo. A nuestra práctica catequizadora pocas veces la guía la convicción de que, en virtud de la gracia, un cristiano iniciado puede desarrollar una experiencia humana semejante a la de su Maestro y Señor. Y que como discípulo suyo puede llegar a “pensar como Él, obrar como Él, amar como Él” (DGC 116).

En efecto, la catequesis de iniciación está íntimamente vinculada al Bautismo y a los otros sacramentos de iniciación: Confirmación y Eucaristía. Pues bien, en virtud de la fe y la recepción de estos sacramentos, el cristiano ha sido escogido por el propio Dios para revelar en su persona a su Hijo Jesús y servir su obra salvadora entre aquellos que no le conocen (cf. Gal 1,15-16). Justamente, el Concilio quiso situar en este punto la dignidad y misión de los laicos, es decir la de los “simples” cristianos:

“Por laicos se entiende aquí a todos los cristianos, excepto los miembros del orden sagrado y del estado religioso reconocido en la Iglesia. Son, pues, los cristianos que están incorporados a Cristo por el bautismo, que forman el Pueblo de Dios y que participan a su modo de la funciones de Cristo: Sacerdote, Profeta y Rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo” (Lumen Gentium 31).

A la luz de este texto conciliar, la pregunta que los catequetas y catequistas debemos hacernos es si nuestros procesos iniciáticos introducen verdaderamente a los que se inician en “la misión del todo el pueblo cristiano” o simplemente engendra cristianos pasivos. Más aún, la gran cuestión es si nuestras catequesis les llega a revelar que, en virtud de la fe y los sacramentos de iniciación que han recibido como gracia, no solo “deben comprometerse”, sino que con y en Cristo ya viven en medio del mundo como sacerdotes, profetas y reyes… Sinceramente, pienso que no. Incluso muchos cristianos permanecen ajenos a estos términos tan significativos para su identidad y misión. No terminan de considerarse –utilizando la imagen de la Carta a Diogneto– que ellos son respecto al mundo lo que es el alma respecto al cuerpo.

Una catequesis que promueva la vocación bautismal

A mi modo de ver, la situación creada por la pandemia manifiesta algo que por todos es conocida. A los cristianos nos cuesta vivir “en cristiano” y llevar la representación de la Iglesia en la diáspora, y esto no por creernos mejores que nadie ni por un compromiso voluntarista; sino por reconocernos portadores de esa novedad de vida que Cristo nos ha dado para ser sus testigos en medio del mundo. Por eso, habitualmente, el Pueblo de Dios pone en la imagen institucional, o en aquellos que parecen representarla, la visibilidad del Evangelio.

Nuestras catequesis deben contribuir a que los cristianos sean tales en medio del mundo. Y aunque parezca contrario a esta intención, esto solo se logra avanzando en un espíritu más mistagógico; es decir, empeñándonos a poner, una y otra vez, en contacto con el Misterio revelado en Jesucristo. Sin esta intencionalidad hecha operativa de un modo sencillo en cada catequesis, difícilmente los iniciados desarrollarán una sensibilidad espiritual peculiar –basada en el sensus fidei que otorga el bautismo– que les permita reconocerse injertos en Cristo y testigos suyos entre los que conviven.

Es verdad, seguro que muchos de esos héroes que se han manifestado en estos tiempos de pandemia –esos “santos de la puerta de al lado” que llama el papa Francisco– lo han sido por su docilidad a la gracia del Espíritu y animados por su fe. Pero la pregunta que queda en el alero es si se han manifestado como cristianos, no tanto si han sido o no reconocidos como tales, esto es de orden segundo; sino si ellos se ha revelado con humildad y libertad, como testigos e instrumentos de algo que le supera a ellos mismos: la caridad de Cristo. Si así ha sido, ellos son los que han dado carne al Evangelio y visibilizado la Iglesia…