Lecciones que me deja el coronavirus

Rodolfo Pérez García. Educador, psicólogo y catequeta. 

Habiendo ya aprehendido el rol de confinado y leyendo una mañana la prensa digital, me encuentro con este titular en una de ellas, del arzobispo de La Plata, Víctor Fernández, aconsejando cautela en la catequesis a los niños:El riesgo mayor es que alejemos a los niños de los sacramentos por empecinarnos en llenarlos de contenidos”; sí, y me llamó la atención porque la brevedad en las homilías y escritos es algo que vengo cuidando para no caer en aquello de  “muchedumbre de palabras”, aplicándonoslo  especialmente a los clérigos.

Afirma a este respecto L. Boff que la pandemia actual del coronavirus representa una oportunidad única para que repensemos nuestro modo de habitar la Casa Común. No quiero, pues, desaprovechar esta oportunidad del Covid-19.

Estos dos meses largos para mí han sido una oportunidad para leer en abundancia reflexiones y artículos sobre el coronavirus, pero también un tiempo propicio para pensar hasta comprender, aprender y personalizar lo que me dice este acontecimiento universal.

En catequética para mí siempre ha sido decisivo el punto de partida y así, de la misma manera que tomamos como punto de partida la Palabra, para luego ofrecer pistas o abrir puertas al creyente, en esta ocasión quiero tomar como punto de partida de esta reflexión catequética, el acontecimiento del coronavirus.

Es cierto que la lectura y reflexión me llevaron en un principio a una cierta confusión, a verme un poco perdido ante tantos y tan diferentes puntos de vista sobre el covid-19. Pero tratando, sobre todo de fundamentar mi postura personal y sintetizarla lo más que pueda, hoy me quedo con los siguientes cuatro puntos.

Lecciones que nos deja el coronavirus

Al reflexionar y al meterme en mi mismo, mediante el ejercicio personal de introspección, me encuentro en un mar de confusiones ante tantas lecturas[1]; normal confusión y también esa sensación de vacío, mientras recuerdo aquella narración:

Se cuenta que en cierta ocasión caminaba un padre con su hijo de unos ocho años, por una carretera y le iba enseñando a distinguir los sonidos en la naturaleza y los cantos de las aves. Seguían caminando por la carretera y en un momento dado dice el hijo, se escucha una carreta que viene por la carretera. Pronto el padre afirmó, sí, y viene vacía. ¿Cómo lo sabes, dijo el muchacho, si no la hemos visto aún?, a lo que el padre le contesto, porque mete mucho ruido.

Y en este recuerdo terminé preguntándome, ¿la carreta que lleva mi vida mete mucho ruido?

Además, el largo espacio de silencio durante el prolongado confinamiento, me llevo a hacer retiro y a entrar en la propia casa, en mi mundo interior, hasta llegar a descubrir cómo llegaba, durante ese “quédate en casa”, a pararme para volver a lo esencial.

Pero no, no llegaba vacío, sino cargado de oportunidades que se me brindaban para estar más tiempo con los de casa, para pensar sin los apremios de tener que resolver un asunto ya, de poder contemplar en globalidad a este nuestro mundo herido en su prepotencia y puesto a los pies de un diminuto virus microscópico, dándole a la humanidad una necesitada lección de humildad.

Es más, también llegue a descubrir la necesidad de no volver a la vida normal, sino reinventar mi forma de vida creyente y pastoral, volver más creativo en la celebración de mi fe y al encontrarme en las primeras salidas de la desescalada, las ciudades y los ríos más limpios, menos contaminación ambiental y así tomar buena nota de lo depredadores que hemos sido los humanos con la naturaleza.

Hemos vivido estos días, intensamente intercomunicados, reconociendo que somos interdependientes, que nos necesitamos. Si, y una lección más nos queda según L. Boff, que necesitamos caminar hacia una fe adulta que permita decir una palabra, desde la fe y que esté a la altura de las circunstancias.

Concluyo estas pequeñas lecciones con la advertencia de que nos hace Michael Moore, ofm, al insistir con otros teólogos, que es necesario dejar de cargar a Dios con la responsabilidad de frenar este mal que azota hoy a muchos hombres y mujeres. No, que Dios no tiene la culpa de esto.

Actitudes

Los problemas se abordan tomando primero postura y qué cambiar para superar tanta crisis de sentido, en decir de Viktor Frankl y Francesc Torralba. Creo que para ello necesitamos dar una vuelta de tuerca a algunas actitudes ante el nuevo futuro, actitudes positivas:

– Aprende a ver el lado positivo de las cosas, pero sin buenismo.

– Sonreír un poquito más a la vida y agradecer a la naturaleza sus bondades.

– Cuídate y dedica un tiempo para ti y para los que tienen menos posibilidades, perseguidos por la rutina diaria.

– Valora todas las cosas y más las pequeñas experiencias de tu vida.

– Vive el presente pero sin quedarte en la etapa de los lamentos.

– Cuida tu cuerpo con esmero y ventila con frecuencia tu mente.

– Comprométete con lo que decides hacer.

– Frente al vacío acomodamiento en este estado de bienestar, y el cerrarme en tus propias opiniones, sal de ti mismo, emprende el camino de la superación.

– La mejor actitud con la que puedes contar: ternura y solidaridad ante el sufrimiento (V. Codina).

Convicciones

También hay unas convicciones hacia las que apuntan los teólogos y pensadores actuales

– La más temible de las pestes: la del egoísmo y la codicia (J. Costadoat, S.J.).

Somos vulnerables –afirma Timothy Radcliffe, OP–, pero si miramos a uno y otro lado del camino, veremos en las cunetas de la vida a muchos más vulnerables, caídos, impotentes, incapacitados…

– Me adhiero también –según Víctor Codina–, a la convicción que dicen los humanistas de que esta cuarentena ha sido una cuaresma secular que nos concentra en los valores esenciales, vida, amor y solidaridad, que nos llevan a relativizar varias cosas que considerábamos indispensables.

“Don Camilo miró hacia arriba, hacia el Cristo del altar mayor, y dijo: “Jesús, en el mundo hay demasiadas cosas que no funcionan”. Yo no creo así, respondió el Cristo. En el mundo lo único que no funciona son los hombres”[2].

Finalmente, contemplando y reflexionando en estos días de confinamiento, a mí me llega de entrada una fuerte llamada al realismo, ahí están tantas muertes. Por el momento llego a hacer mías aquellas expresiones de Ravasi[3]Las estaciones ya no son las de antes; la sociedad no avanza como debiera; el progreso nos estropea, el bienestar nos hace egoístas, y no hay que fiarse de la política”.

Comprometidos

Lo que ha quedado claro en este tiempo de pandemia, es que todos debemos estar comprometidos frente a las abundantes catequesis de desastre. Porque de esta experiencia de confinamiento por el virus todos podríamos salir transformados, cambiados, convertidos a formas de vida más saludables,

– Pues ha llegado la hora de las virtudes del nuevo paradigma, defendidas y compartidas por muchos: el cuidado, la solidaridad social, la corresponsabilidad y la compasión. (L. Boff, Victor Codina, …).

– Ha llegado la hora de cuestionar las virtudes del orden capitalista: la acumulación ilimitada, la competición, el individualismo, el consumismo, el despilfarro, la indiferencia frente a la miseria (L. Boff).

– Tocarnos, sentirnos, palparnos, porque el tacto es el alimento de nuestra humanidad pues necesitamos proximidad y contacto, abrazos y besos, para estar realmente vivos (Timothy Radcliffe).

– Ahora debo aprender a vivir de manera diferente, como lo hacen la mayoría de las personas ¡a los casi 75 años de mi edad! (T. Radcliffe)

– La alegría/gozo como tema teológico desde esta perspectiva adquiere una fuerza que edifica al creyente en medio de la adversidad.(Juan J. Cotto)..

– Sin que cunda la alarma, porque lo que estamos experimentando actualmente no tiene aún las proporciones trágicas de infecciones y pandemias pasadas o presentes, si repasamos la historia.

– Frente al ritmo de vértigo, las prisas, el hiperactivismo, pegar un cierto frenazo, de vez en cuando, nos vendrá bien.

– Frente al endiosamiento y la prepotencia del hombre y las armas para atacar y destruir, mirar hacia los que menos pueden, los más desprotegidos, los más vulnerables (Realidad actual y Evangelio).

 

[1] Artículos y reflexiones de Teólogos como Víctor Codina, Jorge Costadoat, SJ, Timothy Radcliffe, OP, Michael P. Moore, ofm, Juan J. Cotto, Andrea Vicini, SJ,Carlos Mendoza, L. Boff.

[2]Guareschi, Giovanni, Don Camilo: un mundo pequeño,

[3] Ravasi G., Luz de la mañana, reflexiones para empezar bien el dia, CN, Madrid, 2012, pag. 262

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