Palabra-liturgia-compromiso de la caridad

María Navarro González. Teóloga

Esta nueva pandemia, a mis 86 años, me ha creado, en muchos sentidos, unos sentimientos de desconcierto e impotencia, Esto la ha producido especialmente la realidad que veo a mi alrededor y la que directamente me incumbe por mi situación actual que, aunque no ha cambiado en lo esencial, sí han variado los planteamientos, los cauces e incluso algunas actitudes.

Palabra-Liturgia

Al declararse el estado de alarme, con el consiguiente confinamiento, lo primero que me plantee fue el enfoque de mi vida espiritual, para después poder dar. Pensé que una buena manera de entrar en esta nueva situación era dedicar unos días a hacer Ejercicios Espirituales. Después de consultarlo con dos personas que me conocen bien me ratificaron que era una decisión muy acertada. Realmente fue un buen medio para fundamentar este tiempo, en cierto sentido, de “desierto”, para replantear la vida: ver lo finito de la existencia y relativizar todo, incluso la muerte.

Y así lo hice, durante 10 días, en el último tramo de la Cuaresma. Aunque los di por finalizados tres días antes de la Semana Santa, ésta fue el culmen de lo vivido anteriormente. La experiencia de dolor y de muerte, contemplada en la pasión y muerte de Cristo, que se repite hoy en muchas personas que están sufriendo la enfermedad; la ausencia del cariño de los suyos; la pérdida de un ser querido en la más absoluta soledad, me situaban de una manea nueva ante el dolor y la muerte, como ausencia, pero también como presencia de Dios que actúa en la historia.

A continuación la Liturgia del tiempo Pascual, nos situaba en el gozo y la luz de la Resurrección de Cristo. ¿Donde está hoy esa Resurrección? me preguntaba. No tenía más que mirar primero, dentro de mí misma, después, a mi alrededor para encontrarme con enormes gestos de solidaridad, de servicio y de entrega desinteresadas. Pensé que en realidad estábamos viviendo una situación de muerte, pero también de vida, de entrega, de amor. Se nos brindaba una gran oportunidad para cuidar los espacios de oración personal y de encuentro comunitario, aunque  fuese en la distancia; disponíamos de más tiempo para reflexionar, para saborear la Palabra, para –como María– guardar todas estas cosas en el corazón.

Gracias a la posibilidad de los medios tecnológicos, hemos podido participar en la Celebración de la Eucaristía. Aunque sin Comunión sacramental, en la Comunión espiritual, sin duda, se hacía muy presente el Señor. De este modo lo vivía yo y así me lo comunicaban también algunas catequistas y otras amigas con las que hablo con frecuencia. Otro regalo de los medios era el poder tener unos minutos de adoración del Santísimo e incluso escuchar y saborear cada día la homilía del Papa.

Considerando la importancia de la comunión y oración de todos por todos, teniendo especialmente presentes a los más desfavorecidos, a los que siguen en los hospitales y a los que se nos han ido a la casa del Padre, nos unimos cada 15 días,  un grupo de amigas, a través de Skype, para rezar juntos por estas situaciones, y para agradecer el trabajo y la entrega de todos los que están empeñados en luchar contra el virus.

Personalmente he descubierto lo que en estos  momentos significa para mí  la palabra “habitar”. Habitar esta vida aquí y ahora, habitar un mundo dañado, amenazado, pero también un mundo solidario, humano, y mucho más fraternal, en el que los más fuertes atienden y ayudan a los más débiles, con una gran disponibilidad, sin esperar nada a cambio. Habitada sobre todo, por el Espíritu del Señor que vino a “habitar entre nosotros” y que, por la gracia, sigue habitando en nuestro interior, con nuevas luces y nuevas gestos de misericordia. Por eso la Palabra del Dios que habita en cada uno, es nuestro lugar de encuentro con el Señor y nuestros hermanos, y al mismo tiempo la que nos da la fuerza para poder, animar, ayudar, y alegrar a otros, y para construir un espacio nuevo de fraternidad y amor.

Compromiso de la caridad

Como, en estos momentos, mi dedicación preferente es la atención y acompañamiento a distintas personas mayores que está en residencias, en hospitales o en sus casas solas. Y de servir de enlace de calle con Caritas parroquial para detectar los problemas y dificultades de muchas personas que duermen en la calle, e intentar, en diálogo con ellos y con los servicios sociales, aliviar en algo su situación. Ambas actividades, debidas al confinamiento, han quedado muy desfavorecidas por la dificultad de comunicación, al no poder salir a la calle, ni realizar ninguna visita. Es uno de los aspectos que más me están haciendo sufrir.

Me he sentido impotente ante el sufrimiento de las personas mayores que, tanto en Residencias como en sus casas, estaban sufriendo la soledad y el desconcierto. Muchas sienten en esta situación el vacío de la ausencia y de la falta de comunicación; algunas han pasado por la enfermedad del COVI 19 y han estado hospitalizadas y después aisladas en cuarentena; y todas totalmente aisladas, confinadas en su habitación, sin ver nada más que a la persona que las levantan, las acuestan, y les llevan la comida. Para llevarles un poco de consuelo y compañía, me sirvo, junto con otras, casi exclusivamente del teléfono, pues ellas no cuentan con otros medios, ni saben manejarlos. Este rato de comunicación telefónica con cada una, es un momento muy oportuno para animarles, trasladarle seguridad, confianza y  un poco de consuelo. El Señor, que no falla, está con nosotros, habita en nuestro interior, y su Madre nos acompaña en todo momento. Esperan siempre con ilusión estas llamadas y nos transmiten a nosotras la alegría del encuentro.

Hemos podido conectar con algunos colectivos empeñados en atenuar el sufrimiento de tantas personas en soledad o que pasan hambre o cualquier otro tipo de necesidad. Aquí no solo ha sido importante nuestra aportación material, sino también el darlas a conocer a familiares, amigos, catequistas, etc., a través del Whassap, para que, si les era posible, se implicaran también en ello. La  respuesta ha sido muy generosa, colaborando activamente con: Caritas, la ONG InteRed, las dos Parroquias del barrio de Los Pajaritos, cuyos habitantes, extremadamente pobres, viven de la  mendicidad, de la recogida y venta de chatarras y de los mercadillos; actividades que ahora no pueden realizar y, por tanto, no tienen ningún ingreso.  Los sacerdotes que atienden las parroquias están totalmente dedicados a ellos y están desbordados y tienen muy pocos medios. También hemos colaborado a través de una asociación de taxistas creada en este tiempo para este fin. Coordinados por un médico conocido, recogen generosamente en los domicilios de los donantes alimentos y artículos de limpieza y aseo, con los que después hacen lotes y los llevan al asentamiento de emigrantes de Lepe, que viven en condiciones infrahumanas. A nivel familiar también colaboramos con un grupo de la Asociación de vecinos, que están, conectados con Cáritas y empeñados en aliviar la necesidad de otros,

Incidencias en la Iniciación Cristiana  

No es posible calibrar qué incidencias ha tenido este planteamiento en la Iniciación Cristiana. La oración me ha llevado a recordar cómo actuó el Señor con el Pueblo de Israel, esclavo en Egipto: vio, el sufrimiento del pueblo, escuchó su clamor, y lo liberó, valiéndose de mediaciones. “Salir” a otros ambientes en busca de los que necesitan nuestra ayuda, como nos ha dicho el Papa tantas veces. Poner en práctica lo que decimos del Anuncio misionero: primero el testimonio y después el anuncio.

ARTICULO EN PDF: Mª NAVARRO Palabra-Liturgia-compromiso de la caridad